La unidad

En este artículo vamos a exponer un procedimiento por el cual las naciones, mediante la manipulación
de los estados, son dirigidas de acuerdo a intereses ajenos a sus pueblos.
El interés más básico y fundamental de un pueblo -como sucede en cada familia- es la unidad; por ello
la división es su amenaza más básica y fundamental. La unidad hace la “fuerza” (término que implica
“prosperidad”, “sabiduría”, “libertad”); mientras que los regionalismos -autonomismo, regionalismo,
indigenismo, nacionalismo- hacen la debilidad (término que implica “pobreza”, “ignorancia”,
“dependencia”). Es decir que, si bien defender y mantener una cultura regional es positivo y
enriquecedor para el conjunto, fracturar el orden superior apelando al orden inferior es muy peligroso.
Por ejemplo, si nos encontramos un toro en el campo o en la montaña es fácil que nos intimide; sin
embargo es muy difícil que nos intimide un toro que se encuentra descuartizado y empaquetado en
cómodas porciones en un supermercado, pues al fragmentarse pasó de ser una amenaza a ser un
producto culinario listo para ser guisado o cocinado en barbacoa.
Primero vamos a presentar este procedimiento en primer lugar sobre un ejemplo histórico consumado; y
posteriormente lo vamos a contrastar con el caso que nos ocupa y que está en proceso de
consumación.
El ejemplo histórico al que nos referimos es la balcanización del Imperio Ruso, a través de la URSS.
La expansión del imperio ruso se produjo entre mediados del XVI y principios del XX, hasta la Primera
Guerra Mundial. Fue Vladimir Lenin quien denominó, puso nombre, a la URSS durante su formación en 1922

Lenin recibió un todo, que se denominaba “Imperio Ruso”, y lo re-nominó como “Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas”. De esta forma Lenin redirigió al Imperio Ruso hacia su balcanización
como ya venía anunciado en su mismísimo nombre. Menos de 70 años después de que Vladimir Lenin
denominara al “todo” como “unión de partes”, el nombre se impuso y la URSS se balcanizó. En el
mismo periodo de tiempo en que algunas personas vivían -pues nacieron en el Imperio Ruso, vivieron
en la URSS con su descomposición y en la Federación Rusa en su periodo actual-, se consiguió
balcanizar una de las potencias económicas e industriales más importantes de su tiempo.
El caso que nos ocupa es evidentemente nuestra querida actual España. España de la segunda
república y media.
El régimen político que en la actualidad disfrutamos en esta maravillosa tierra, es el resultado de la
redirección de la España de Franco hacia la pretendida democracia, a través de su última Constitución
aprobada en 1978. Nótese la ironía al pronunciar la palabra “disfrutamos”.
La mencionada Constitución de 1978 es ampliamente considerada como la invitación a la fragmentación de la Nación Española, esperable por tener… e incluso movilizada a través de un gobierno débil y manipulable.
También nos podemos dar cuenta, si prestamos atención, de que existe abundancia de nominaciones
en la arquitectura del poder español actual, que se apuntan directamente a la balcanización de la unidad nacional. Pues a pesar de que no se puede comprender una parte sin un todo, los nombres de muchos órganos de gobierno autonómicos y de partidos hacen alusión directa a la fragmentación de las partes.
El mismo concepto autonomía, hace alusión directa a la independencia de las distintas regiones que
forman el cuerpo nacional español en relación al todo. Adicionalmente, multitud de organizaciones
denominadas autonómicas, e incluso de partidos políticos, son gobernadas por “Juntas de” o “Uniones
de”. Cuando se habla de juntar, implícitamente se está afirmando también lo contrario. Cuando se habla
de la “Unión del Pueblo Leonés”, se está igualmente apuntando a la desunión de la nación española
pues nunca debe prevalecer la unión de la región frente a la unión de la nación.

    Adicionalmente, han pasado ya casi 50 años desde 1978 y hemos podido comprobar la dirección
    prefijada para nuestra nación en 1978. Aquellas personas que mostraban su disconformidad, de forma
    razonada, con la Constitución de 1978 demostraron decir la verdad.
    La España actual está siendo dirigida desde 1978, mediante los partidos políticos, las autonomías y las
    construcciones culturales regionalistas (entre otros elementos), a su balcanización. La pobreza, la
    debilidad y la ignorancia son el objetivo de quienes construyeron las bases ideológicas culturales del
    régimen de 1978 en el que vivimos. La corrupción -de los aparentes gobernantes- es el medio requerido
    para perpetrar los objetivos de los verdaderos constructores del régimen. Por supuesto, la seguridad y/o
    el bienestar de los españoles no tienen ninguna relevancia en la dirección prefijada para nuestra querida
    nación.
    Resulta críticamente importante que la nación española sea redirigida de forma que su futuro coincida
    con las necesidades de seguridad y bienestar de los españoles.
    Debemos recordar algo de gigantesca importancia. Mientras que el Imperio Ruso -del que hemos
    hablado- alcanzó unos 23 millones de km2, el Imperio Español alcanzó unos 20 millones de km2. En el
    pasado la actual Península Ibérica era una parte importante de la mayor potencia, la más fuerte, la más
    sabia y la más próspera del mundo. Aún en la actualidad la inmensa España, la Hispanidad, la primera
    potencia global, la civilización más ética que ha existido… abarca desde Pirineos hasta Acapulco y
    desde California a Tierra de Fuego. Si no mantuvimos aquella gloriosa unión a nivel político es
    precisamente porque ya fuimos previamente balcanizados. Los mismos procedimientos que ahora
    pesan sobre nosotros fueron ya aplicados en el pasado dirigiéndonos hacia la debilidad. Los problemas
    con los que nos encontramos son el resultado de la debilidad que en el pasado tuvimos.
    Resulta fundamental construir fuerza para no vernos abocados a la miseria. Resulta fundamental tomar
    las riendas de la situación y dirigir, nuestra gloriosa nación, hacia la soberanía, hacia la libertad, hacia la
    fuerza, hacia la prosperidad y hacia la sabiduría del pueblo español.
    No me cansaré de agradecer a los grandes conductores culturales de nuestra civilización, como mi
    querido profesor y amigo Don Marcelo Gullo Omodeo. Los grandes hispanistas son las puntas de lanza
    que aúnan el sentir y el necesitar de novecientos millones de hispanos -en primer lugar-; y de ocho mil
    millones de seres humanos -en segundo lugar- que necesitan un contexto cultural humano como el que
    en tiempos ofreció el Imperio Español, para poder realizarse y desenvolverse satisfactoriamente en este
    mundo tan lleno de hostilidad y manipulación.
    Por ello quiero hacer una llamada al lector para que lea y difunda sin escrúpulo ni mesura, contenidos
    hispanistas, pues como bien dicen estos gigantes intelectuales: “solamente quien conoce su pasado (y
    su cultura), puede comprender su presente y escribir su futuro”.
    Nos necesitamos, queridos hermanos hispanos, para construir cultura y civilización; nos necesitamos
    para sobrevivir primero y vivir después. La unidad es lo que hace la fuerza.

    José Antonio Santos Pérez

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