España record turístico…. y de empobrecimiento
España 2024: récord turístico (94 millones de visitantes internacionales) , record de inmigración legal (328000 nuevos residentes), record de recaudación fiscal (300000 millones +8%) …… déficit persistente (2.8%), empobrecimiento (-1400€ de poder adquisitvo), el drama de familias y jóvenes sin vivienda (5.5 millones de personas en exclusión residencial) y una sociedad tensionada.
España ha cerrado 2024 con cifras que llaman la atención: 94 millones de turistas internacionales, 328.000 nuevos residentes legales y una recaudación fiscal cercana a los 300.000 millones de euros, un 8% más que el año anterior. Detrás de estos datos positivos en la macro economía, la realidad social se muy diferente para la gran mayoría de los ciudadanos: el déficit público sigue en el 2,8% del PIB, el poder adquisitivo real de los españoles ha caído en el equivalente a 1.400 euros en el último año y el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema para millones de familias.
El turismo, motor económico del país, ha vuelto a crecer tanto en visitantes como en gasto, pero ese dinamismo no se ha reflejado en una mejora generalizada del bienestar. Los salarios han subido un 3%, mientras que los precios han vuelto a subir por encima de los salarios en un 3,2%, y la inflación acumulada desde 2019 ha seguido amontonando la pérdida de poder adquisitivo. La recaudación fiscal ha aumentado, pero el déficit público se mantiene y el gasto social no consigue frenar el empobrecimiento de la población.
El acceso a la vivienda está tensionando la sociedad. El auge del alquiler turístico y la escasa construcción de vivienda han elevado los precios y dificultan que muchos ciudadanos puedan vivir en sus barrios, especialmente en las grandes ciudades y zonas turísticas. Según los últimos informes, 5,5 millones de personas sufren exclusión residencial y menos del 15% de los jóvenes consigue emanciparse. La presión de la demanda, tanto por el turismo como por la inmigración, ha tensionado aún más el mercado inmobiliario. Las protestas vecinales y la saturación de infraestructuras se han hecho habituales en grandes ciudades.
El 19% de la población española vive en exclusión social y la pobreza afecta a 9,4 millones de personas. Los hogares con menos recursos destinan más del 70% de sus ingresos al pago del alquiler, y el empleo ya no garantiza la integración social: una de cada diez personas ocupadas está en exclusión. La inmigración, que en otros momentos fue vista como motor de dinamismo, ahora genera preocupación, especialmente en relación con el acceso a la vivienda y los servicios públicos.
España en 2024 refleja una dura contradicción: crecimiento en turismo, recaudación e inmigración, mientras la sociedad sufre empobrecimiento y exclusión social. El modelo económico, muy apoyado en el turismo y el consumo, muestra sus límites y la brecha entre los datos macroeconómicos y la vida cotidiana de las familias se hace más visible.
La pregunta es evidente, ¿quién está saliendo realmente beneficiado mientras la mayoría ve empeorar su situación? Los datos apuntan a una respuesta clara: los grandes beneficiados de este modelo son los fondos de inversión, los grandes propietarios inmobiliarios y ciertos actores del sector turístico y financiero, que han sabido capitalizar la presión sobre la vivienda y el auge del turismo masivo.
El mercado inmobiliario, convertido en refugio de inversión para las rentas más altas y para capital extranjero, ha disparado el precio de la vivienda y del alquiler, generando enormes plusvalías para quienes ya tenían patrimonio y capacidad de inversión. Mientras tanto, las familias con rentas medias y bajas ven cómo el acceso a una vivienda digna se convierte en un lujo inalcanzable, y los jóvenes quedan atrapados en la precariedad o forzados a compartir piso.
El auge del alquiler turístico, impulsado por plataformas digitales, ha acelerado la expulsión de vecinos de sus barrios y ha llenado los bolsillos de quienes controlan el negocio, en muchos casos grandes tenedores o fondos internacionales
En paralelo, la estructura fiscal sigue favoreciendo a las rentas del capital frente a las del trabajo, y la desigualdad patrimonial se amplía: el 20% más rico de la población ingresa 5,5 veces más que el 20% más pobre, y la concentración de la riqueza inmobiliaria y financiera sigue creciendo
Así, mientras los beneficios empresariales y las rentas del capital aumentan, la mayoría de ciudadanos paga la factura de la inflación, la subida de impuestos indirectos y el encarecimiento de la vida, viendo cómo su poder adquisitivo se reduce año tras año.
En definitiva, el modelo actual está enriqueciendo a una minoría (grandes propietarios, fondos de inversión y actores del turismo masivo) a costa del sufrimiento y el empobrecimiento de la mayoría, que soporta la carga de la exclusión residencial, la precariedad y la pérdida de calidad de vida. La brecha entre quienes se benefician del sistema y quienes lo sostienen, pero apenas reciben sus frutos, no deja de crecer, alimentando el malestar social y la desconfianza en las instituciones. Es urgente que cambiemos el rumbo.
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