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ACLARANDO LAS COSAS

Hace dos días publicamos en nuestra WEB un comunicado en el que nos distanciábamos de la alegría que había producido, en algunos medios y parte de la ciudadanía, la intervención de los EE.UU. en Venezuela para lograr la captura de Maduro.

 Casi de inmediato se produjeron reacciones de todo tipo entre nuestros afiliados y simpatizantes. Unas a favor y otras en contra. Todas respetuosas y argumentativas. Algunas más vehementes que otras, pero todas en un tono de debate correcto. Eso ya dice mucho y bueno del tipo de personas que componen nuestro círculo más próximo y que es de agradecer.

Creemos pues que es de rigor aclarar algunas cuestiones que, por la brevedad del referido comunicado, pudieron quedar sin la explicación necesaria. No sería bueno dejar sin argumentación aquello que se publicó con una premura y brevedad quizás excesivas.

 Pero antes tenemos que darle, al menos en parte, la razón a un compañero que nos recordaba que nuestra vista debe estar puesta, casi de manera exclusiva, en nuestra Nación, en buscar las mejores soluciones para salir de la situación en la que estamos y que todavía somos demasiado pequeños como para dedicarnos a lanzar comunicados sobre política internacional. Pero, también en parte, diferimos de él porque hay ciertas ocasiones en las que, por su gravedad y por nuestra cercanía al mundo hispano, no podemos permanecer en silencio, impasibles.

Hoy leíamos un artículo de un compañero de carrera que terminaba así:

“La vigencia de De iure belli ac pacis (Del derecho de la guerra y de la paz) demuestra que, aun en un mundo convulso, el derecho-como decía Grocio- «no desaparece con la guerra», sino que continúa siendo la condición indispensable para que la fuerza no se convierta simplemente en violencia desnuda, aunque lamentablemente, seguimos observando como muchos se empeñan en los contrario.

Hugo Grocio, el jurista neerlandés del Siglo XVII, elaboró su doctrina basándose en los teólogos y juristas de la Escuela de Salamanca (Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Melchor Cano, Francisco Suarez y Luis de Molina). Entonces, con origen en España, se tenían en cuenta el derecho de gentes y los conceptos de causa justa, autoridad legítima, proporcionalidad, limitación de daños y consideración del enemigo, obligatoriedad del pacto. Durante siglos, mal que bien, se habían mantenido estas reglas, que ponían límite a la voluntad del príncipe. Hace ya tiempo que este conjunto de normas jurídicas han dejado de ser respetadas y se ha pasado a hacer un uso instrumental del derecho.

Volviendo a nuestros días, es un hecho que Nicolás Maduro se ha comportado como un despiadado dictador, que tiene una investigación abierta en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad y que esa misma corte rechaza que el sistema judicial venezolano tenga capacidad real para juzgarlos. Según la fiscalía del citado tribunal no se trata de hechos aislados, además de que esos crímenes formaban parte de un “ataque contra la población civil de conformidad con una política del Estado”, crímenes entre los que se tenía evidencia de torturas, violaciones y muertes en ejecuciones extrajudiciales. Ante toda esa barbarie, la sociedad venezolana pedía justicia ante los organismos multilaterales y las cortes internacionales pero, aunque la investigación de la CPI seguía su curso, la respuesta internacional era el silencio expectante.

Por otro lado, la Corte Federal del Distrito Sur en Manhattan le acusa de cuatro cargos, de los que el más importante es el de conspiración narcoterrorista para importar cocaína. Era de dominio público que en el régimen venezolano había una fuerte implantación de las mafias narcotraficantes y que estaban, además dirigidas y controladas por la cúpula política y militar del régimen (cártel de los soles), y que el destino de la mayor parte del tráfico de drogas venezolano era hacia EE.UU. No obstante, en aras de la verdad, Venezuela no es el que más droga ha estado introduciendo en EE.UU. Le superan con creces Colombia y, desde luego, México.

En cuanto a las acusaciones de tráfico del mortal fentanilo hacia EE.UU., hay que tener en consideración que éste llega mayoritariamente a través de México, no por Venezuela. Hasta 2019 era China la fuente principal de fentanilo ya procesado y se introducía por México. A partir de ese año, algunas medidas del gobierno chino impidieron la producción de fentanilo en su versión final, pero no impidieron la fabricación de precursores para su creación, completando su producción y contrabando en México. Las acciones del gobierno chino en este asunto son congruentes con la rivalidad geopolítica que mantiene con los EE.UU. Mediante el fentanilo, debilita a la sociedad americana, en la que anualmente mueren una media de 70.000 personas entre los 18 y los 45 años, impactando de manera importante en la esperanza de vida, la productividad y en la capacidad de reclutamiento del país. Lo evidente es que el gobierno chino no ha hecho los esfuerzos necesarios para evitar ese tráfico criminal y que el principal afectado por ello es su máximo adversario, aunque parece que se vislumbran algunos cambios en la actitud china, habrá que esperar un tiempo para ver los resultados, aunque es de ingenuos confiar en un cambio de proceder por parte del Partido Comunista Chino.

Teniendo en cuenta los delitos de lesa humanidad, los únicos por los que está investigado en la CPI, y si alguna vez acabara el proceso al que le tiene sometido desde hace unos diez años, se debería emitir una orden de detención internacional, siendo ésta la justificación legal para proceder a su captura y detención. En este caso cabe la duda de cuáles podrían ser los medios para llevar a cabo su arresto.

En cuanto a los delitos de los que es acusado por la Corte Federal del Distrito Sur en Manhattan y, teniendo en cuenta la jurisdicción territorial de la citada corte, sólo se le podría detener en territorio estadounidense, por lo que la captura y detención, tal y como se ha efectuado, es una consecuencia de haber llevado al límite el uso instrumental del derecho, por mucho que su detención haya sido llevada a cabo por agentes de la autoridad de EE.UU. Eso es una realidad, se mire por donde se mire. “No se le han puesto límites a la voluntad del príncipe”.

Sea como sea, el hecho se ha producido, ahora toca ver que beneficios le puede reportar al pueblo venezolano. Al parecer a la administración Trump no le gustan las intervenciones que le supongan mantener tropas en el terreno, ni provocar el vacío en la organización institucional del país intervenido. Esta vez las lecciones aprendidas de Irak y Libia, por ejemplo, han sido asimiladas y el guion ha cambiado.

Ahora, y sin que sirva de precedente ya que, como dice nuestro afiliado, bastante trabajo tenemos con la política doméstica, voy a hacer algunas consideraciones mediante las que quizás llegamos a comprender, compartiendo o no, la intervención ordenada por Trump en Venezuela. La primera es que, en el mes de diciembre de 2025, en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional, se incluyen unas frases que son definitorias de la línea que va a seguir Trump en lo que a política internacional de refiere. Por un lado dice: “los días en los que Estados Unidos sostenían todo el orden mundial como Atlas han terminado”, para seguir diciendo: los asuntos de otros países solo nos conciernen si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses. Posteriormente, refiriéndose a la OTAN, dice: “acabar con la percepción, y evitarlo en la realidad, de que la OTAN es una organización en permanente expansión”. Después habla de reequilibrar la relación económica con China, para recuperar la independencia económica estadounidense; considera esencial lograr un rápido cese de las hostilidades en Ucrania, para estabilizar las economías europeas y reestablecer la estabilidad estratégica con Rusia.

Al renunciar al que venía siendo su rol de policía universal y de gran sostenedor de la OTAN, está cambiando el paradigma de la política internacional que venía rigiendo hasta ahora. Se acaba el “mundo bipolar” para convertirse en un “mundo multipolar”. Comienza un nuevo reparto de zonas de influencia en el mundo y, en ese reparto, el hemisferio occidental es para los EE.UU. La operación en Venezuela es la primera de las que pudieran darse  si siguen el principio antes expuesto: “los asuntos de otros países solo nos conciernen si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses”.

Europa y la OTAN van a quedar huérfanas y se van a tener que espabilar por sí solas, van a tener que olvidarse de dar lecciones de “su democracia”, sobre todo donde ese concepto no existe, ni se quiere entender. Europa van a tener que empezar a aplicar algo de realismo en su política exterior y de recuperación de las capacidades que hemos ido perdiendo en favor de otros, si no queremos ser un cero a la izquierda en el nuevo mundo multipolar.

¿Y España? A la que han vaciado de industria y, poco a poco, de población autóctona, en la que abundan los campos abandonados o convertidos en huertos solares, en la que se quema más bosque de lo que se reforesta, en la que hemos renunciado a controlar los arrebatos de la naturaleza mediante la ingeniería, en la que las costas y fronteras se han convertido en un queso gruyere. ¿Cómo debemos actuar ante este cambio de paradigma?

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