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  • Y YA QUE VOY….HABILITACIÓN PARA EJERCER EL DERECHO DEL VOTO?

    Publicado por MANUEL MARTINEZ RUBIO encendido 10 de enero de 2025 a las 20:42

    Ya que voy lanzado y para animar un poco esto…recuerdo un «meme» de esos que circulan en el que aparecía un ciudadano con su mascota paseando bajo fuerte lluvia. La mascota ejercía sus necesidades biológicas mientras su custodio le protegía con su paragüas quedándose él al descubierto. El texto decía como con sorna: «y este también vota..»

    No es que este me parezca mal (adoro a los perretes y podría ser yo el que se empapa¡), pero me hizo pensar.

    Cierto, todos votamos si queremos. Pero realmente sabemos que? A quien? Al menos tenemos intención de saberlo todos….o solo algunos…pocos? Sabemos lo suficiente de nuestras leyes y organización, sistema de gobierno, poderes, organismos que nos hacen funcionar como país para elegir de forma responsable? Conocemos debidamente lo que ofrecen todas las organizaciones que se ofrecen a gobernarnos y sus programas, proyectos, intenciones..? Sabemos cuales son nuestros derechos como ciudadanos? Y nuestros deberes??? (los tres interrogantes van con sarcasmo 😁).

    Imaginad que…yo que se, por ejemplo, a través de la carpeta ciudadana (que se va imponiendo) o de la mismísima Agencia Tributaria (q esa nos conoce bien a todos) tuviéramos que hacer un pequeño «test de conocimiento» sobre las cuestiones planteadas y algunas otras que seguro no he incluido, que garantice que disponemos de la cultura suficiente para poder tomar la mejor opción que consideremos entre las que se ofrecen.

    ¿Y si superar esa pequeña evaluación sea indispensable para ejercer el derecho al voto?

    Venga, aquí lo dejo que es finde de Pingüinos aquí¡

     

     

    MANUEL MARTINEZ RUBIO respondido hace 1 año, 1 mes 6 Miembros · 6 Respuestas
  • 6 Respuestas
  • Luis Baile Roy

    Luis Baile Roy

    Miembro
    10 de enero de 2025 a las 20:49

    Si fuera así, pocos podrían votar y se les acababa el chollo a los actuales políticos, que basan su supervivencia en el engaño y, porqué no decirlo,en la ignorancia del respetable

  • JOSE MARIA SORIANO ROMERO

    JOSE MARIA SORIANO ROMERO

    Miembro
    11 de enero de 2025 a las 12:33

    Implementar un sistema de voto restringido iría en contra del principio de sufragio universal que caracteriza a las democracias modernas. El sistema que propone evitaría que votantes desinformados tomen decisiones que afecten negativamente al resto de los ciudadanos, sin embargo, es difícil determinar de forma objetiva quien esta suficientemente informado para votar, va en contra del principio democrático de igualdad política y podría llevar a la creación de minorías permanentes excluidas del proceso político.

    Si bien es importante fomentar una ciudadanía informada, restringir el derecho al voto no parece ser la solución. En su lugar, mejorar la educación cívica y promover el acceso a información de calidad podrían ser enfoques más constructivos para fortalecer la democracia sin comprometer sus principios fundamentales. De aquí puede derivarse otro tema a debatir, como el gobierno de España favorece a medios afines ideológicamente con jugosas subvenciones.

  • MANUEL MARTINEZ RUBIO

    MANUEL MARTINEZ RUBIO

    Miembro
    11 de enero de 2025 a las 22:19

    Pero (D. Jose María)… yo entiendo que no hablo de voto restringido, a ver.., el que no supera el examen de conducir, pues no conduce. Y eso no es conducción restringida.

    Restringir es que yo (o quien sea) , sin razón o causa justificada ni evitable, excluyo a alguien o a algún colectivo de determinada actuación.

    Pero en mi idea no tiene esa intención, sino la de asegurarnos que determinado derecho (bien importante) se ejerce con la debida responsabilidad ciudadana. Vamos, la intención de precisamente no restringir al votante responsable a que se vea devaluado por el votante «por colorines» que tanto creo que abunda.

    Tampoco digo que sea excluyente definitivo ni mucho menos, pero que se asegure que en cada momento, los que decidan, tengan la cultura necesaria, y el que no, pues que se interese en conseguirla.

    Incluso que de una vez esto sea de obligatoria inclusión como asignatura en la ESO, que casualmente termina en O de obligatoria, y de las que hay que aprobar.

    No hay países que te piden algo parecido para concederte la ciudadanía? EEUU por ejemplo?

    Con respecto a el otro comentario del debatiente D. Luis ya sabemos que tontos nos desean estos sujetos, y que me da que van ganando en esa táctica.

    Por eso estamos también estamos en esto no? Alguna esperanza será que nos queda de intentar no morir todos tontos y anestesiados¡🤗

    • FRANCISCO GARCIA TORRES

      FRANCISCO GARCIA TORRES

      Miembro
      2 de abril de 2025 a las 01:50

      Os recomiendo leer a James M. Buchanan sobre «Theory of Public Choice»

      La Teoría de la Elección Pública, también conocida como teoría de la elección colectiva, constituye una intersección fecunda entre la economía y la ciencia política, al aplicar herramientas analíticas propias de la economía neoclásica al estudio del comportamiento político. Surgida con fuerza en la segunda mitad del siglo XX, y particularmente asociada a los trabajos de James M. Buchanan y Gordon Tullock, esta corriente analítica plantea una visión escéptica y profundamente realista de los actores políticos, al suponer que estos, al igual que los agentes económicos, persiguen maximizar su utilidad individual, incluso dentro del ámbito de lo público.

      A diferencia del enfoque normativo de la teoría democrática clásica —que idealiza la función pública como un ejercicio de racionalidad orientado al bien común—, la elección pública propone un enfoque positivo y desmitificador. Gobernantes, burócratas y votantes son concebidos como agentes racionales y estratégicos que responden a incentivos y restricciones institucionales. Esta visión ha permitido reinterpretar fenómenos como la ineficiencia del gasto público, la proliferación del clientelismo, la captura regulatoria y el crecimiento excesivo del aparato estatal.

      Uno de los pilares conceptuales de esta teoría es el problema del votante racionalmente ignorante. Dado que el costo de informarse adecuadamente sobre políticas públicas supera, para el individuo medio, el beneficio marginal que obtendría al emitir un voto informado, el ciudadano promedio actúa en las urnas con un conocimiento limitado. Este fenómeno, ampliamente documentado, erosiona la calidad del proceso democrático y deja el campo libre a grupos de presión organizados, capaces de influir de manera desproporcionada sobre el proceso de toma de decisiones.

      Asimismo, la teoría identifica el fenómeno del “rent seeking” o búsqueda de rentas, mediante el cual los grupos de interés invierten recursos no para generar valor social, sino para obtener privilegios regulatorios, subsidios o beneficios fiscales. Esta conducta, que distorsiona gravemente la asignación eficiente de recursos, ha sido objeto de numerosas aplicaciones empíricas, particularmente en contextos de corrupción sistémica o de captura del Estado por parte de élites empresariales o sindicales.

      Otro aspecto fundamental del análisis de la elección pública es la crítica a la burocracia. En línea con la tesis desarrollada por William Niskanen, se sostiene que los burócratas tienden a maximizar el presupuesto de sus departamentos más que a optimizar el servicio público, dada la inexistencia de mecanismos de mercado que introduzcan disciplina en su actuación. Esta hipótesis ha dado lugar a una vasta literatura sobre la necesidad de reformar el Estado, incorporando incentivos y mecanismos de control que alineen el interés del agente con el del principal, es decir, del burócrata con el ciudadano.

      No obstante, la Teoría de la Elección Pública ha recibido críticas significativas. En primer lugar, se le acusa de incurrir en un reduccionismo metodológico al extrapolar sin matices la racionalidad económica a la esfera política, ignorando la complejidad moral, simbólica y normativa que impregna la acción pública. Asimismo, sus detractores señalan que, al enfatizar sistemáticamente los fallos del Estado, tiende a minusvalorar los fallos del mercado, incurriendo en un sesgo ideológico que favorece posturas neoliberales. Incluso algunos autores han cuestionado la pretensión de cientificidad de la teoría, en tanto que muchas de sus hipótesis centrales —como la maximización de utilidad por parte del votante— resultan difícilmente verificables empíricamente.

      Con todo, el legado de la elección pública es incuestionable. Ha contribuido a una comprensión más realista de la política, introduciendo categorías analíticas que han permeado tanto el análisis académico como el diseño de políticas públicas. Su influencia ha sido particularmente relevante en las reformas orientadas a mejorar la gobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas, así como en la evaluación crítica del intervencionismo estatal.

      En definitiva, la Teoría de la Elección Pública constituye una herramienta teórica valiosa para desentrañar las lógicas subyacentes en la acción política contemporánea. Si bien debe ser complementada con otras perspectivas que reconozcan la dimensión ética y deliberativa de lo público, su capacidad para revelar los incentivos perversos y las disfuncionalidades institucionales del aparato estatal la convierte en un referente insoslayable del pensamiento político-económico moderno.

  • Noel David Torres Taño

    Noel David Torres Taño

    Miembro
    13 de febrero de 2025 a las 17:41

    Hay un principio que dio origen a la Revolución en las Trece Colonias: «No taxation without representation». Para que me pongan impuestos tengo que haber elegido a quienes me los ponen. Y si YO elijo no votar, es mi problema, porque lo elijo yo.
    De ese parlamento original que ponía los impuestos hemos pasado a este parlamento que lo dirige todo, incluso elige al Presidente del Gobierno. Pero el principio es el mismo: el que no vota es porque así lo elige, y de esa manera tácitamente acepta lo que los demás eligen.

    Sería lo suyo, y además lo más digno, no eliminar del censo a la gente que no sabe lo que vota, sino educarles para que sepan elegir por si mismos, en función cada uno de su propia ideología, creencias o conveniencia, lo que votar.

  • Francisco Javier Gutiérrez Egea

    Francisco Javier Gutiérrez Egea

    Miembro
    19 de abril de 2025 a las 21:29

    Tratar de restringir el voto, más allá de la incapacidad intelectual manifiesta o declarada, es sencillamente inadmisible bajo cualquier argumento, a los que me niego a responder.

    Obviamente, la escasez de educación y espíritu crítico da como resultado lo que quizás…, nos merecemos.

    No obstante, personas con escasos recursos intelectuales, suelen razonar muy bien respecto a sus preferencias políticas.

    Otros, por desgracia, se dejan llevar por lo que les bombardean en televisión y redes sociales.

    También, entre personas cultas, abunda el sectarismo.

    ¿La solución? No existe. La democracia consiste en que todos tenemos la facultad de decidir, nos guste o no lo que decida el vecino o el “cuñao”.

    ¡Avante!

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