Ante todo, la prostitución no es un asunto de mujeres. Es un asunto de personas, tanto mujeres como hombres. Aunque no se puede negar que mayoritariamente mujeres, no es exclusivo.
Además, es fundamental definir qué es y qué no es prostitución antes de abordar un debate como éste.
- ¿Masaje erótico sin penetración?
- ¿Servicios sexuales a discapacitados?
- ¿Sexo contra prestación entre actores de entretenimiento para adultos, filmado o no?
- ¿Relaciones sexo-afectivas de larga duración contra prestación?
Si ni siquiera existe un consenso claro sobre dónde empieza y dónde termina la prostitución, difícilmente podrá haberlo sobre cómo regularla.
Por supuesto, todo ello no implica que por si sola la prostitución implica que el acto sea legal. La prostitución, para ser legal, tiene que realizarse entre adultos que consienten. Y un consentimiento sin vicio. Si el consentimiento está viciado por una relación de poder no es válido.
Así, cuando la prostitución no se realiza entre adultos que consienten válidamente se producen indudables delitos de abuso sexual. Que pueden añadirse a delitos de tercería, tráfico de personas, esclavitud o, prueba de hasta qué punto pueden llegar algunas, llamémoslas, personas, abuso sexual infantil.
Sobre todo, las cosas claras y el chocolate espeso.