Trump
Las Propuestas de A2/3 para política exterior indican «CONSIDERAMOS QUE LA LLEGADA DEL PRESIDENTE TRUMP AL GOBIERNO USA PUEDE SER UNA OCASIÓN PARA MEJORAR LAS RELACIONES CON LOS EEUU.»
Por supuesto sin ánimo de modificar la línea de A2/3, que he aceptado al afiliarme, debo indicar que personalmente no estoy de acuerdo con esta parte de nuestras propuestas. Y digo nuestras porque al ser yo parte de A2/3 también son mías.
Ese país sin nombre propio (para mí América es un continente, y Estados Unidos son nuestros hermanos los Estados Unidos Mexicanos) tiene el Presidente que ha elegido según sus propios métodos, dentro de su propia soberanía. No voy yo a entrar a decirles si es o no lícito, legítimo, democrático o legal. Obviamente democrático no es que los electores voten a unos representantes (el colegio electoral) que luego votan otra cosa diferente a lo que dichos electores votaron, pero ya digo, que no me voy a meter yo en ese berenjenal.
En lo que sí me voy a meter es en mi propia opinión sobre la relación que España y Europa deben tener con Trumplandia. Una potencia mundial en declive dirigida por un matón de patio de colegio condenado en su propio país. Una máquina militar con armas nucleares en la que no se puede confiar para que cumpla sus compromisos de defensa mutua (artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte) porque su cowboy jefe se reúne de tú a tú con el cosaco jefe del enemigo.
Ese país nunca ha tenido aliados, sino intereses. Hasta ahora habíamos estado dentro de su esfera de intereses, y nos habíamos beneficiado de ello. Pero ahora que no le interesamos pasamos a ser el objeto de sus demandas (más gasto militar -por supuesto comprando a su industria, menos aranceles a sus productos, más aranceles a nuestros productos, resolución de los conflictos en nuestro continente según sus reglas y no las nuestras) solo porque él prefiere centrarse en China.
No, no podemos, considero yo, achantarnos ante el matón del patio de colegio. Hay que plantar cara y gritarle más fuerte, si es necesario. Veríamos cómo se ríe si le ponemos una cuota de pantalla del 75% a los productos audiovisuales europeos en cine, televisión y plataformas de «streaming» y le hacemos a YouTube lo que allí le iban a hacer a TikTok.
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